Ana Vega
Hoy, maldito día, donde se detiene el tiempo, sin tiempo. Porque el tiempo, sólo eso es, un pedazo de entraña que resulta del pensar. Cómo poder estar seguro de que mi tiempo es mi tiempo y no sólo ser yo un pedazo de ese tiempo, pues las partes no son el todo, pero el todo sí son las partes. Pues bien, soy todo y las partes.
Transcurre el tiempo y las hierbas hacen lo que tienen que hacer. Siempre han hecho con el cuerpo lo que tienen que hacer, ellas sabias, uno inerte. Pero en la espera de su hacer, el olor a desinfectante se cuela en las rendijas de mi ser. Los fantasmas que recorren sin calma las veredas, e irrumpen la frágil calma de los cuartos, tratando, no sé, de saciar sanidad. Siento la energía ya perdida, aunque la temperatura en ocasiones ayuda a traspasar fronteras, para llegar a lugares no vividos, las imágenes se hacen presentes y claras. Sigo en el mismo lugar, lo sé por el olor. Pero el dolor se hace más intenso y la sanidad sentida se pierde. El cuarto luce diferente, los muebles se han transformado, los fantasmas parecen reliquias del pasado, con la misma expresión. Los doctores hablan entre sí sobre mi enfermedad, saben de unas hierbas que crecen fuera de este país, por lo cual es imposible que la cura llegue a mí. El saberlo provoca un vacío infinito, algo imposible de gritar o de que entienda. El tiempo yace y aunque piense retenerlo, se escapa sin tardanza cumpliendo lo cumplido.
Hoy que la luz ya no es, porque el viaje se transforma en noche, retengo una vez más la sanidad y la temperatura cede, todo vuelve como una cascada sin freno. En mi mente se revuelca el ansia de vivir, de sentir, porque el tiempo es tiempo. Hoy que las fronteras son pasado, que el presente es humo y el futuro no existe. Hoy que lo vivido se torna carne y lo no vivido idea de lo que puedo ser, de lo que no será, de lo que se perdió en la nada del mañana.
Ya es hoy y la curiosidad por conocer el entorno en que vive un ser humano, ha hecho generar un sinfín de historias y nuevos mundos, creados por la naturaleza, pero inventados por el hombre. La capacidad del hombre de hacer suyo el mundo a veces es transforma en algo negativo para el mismo. Volar para contemplar su entorno; las ciencias, que se establecen como un gran ojo observador, la religión que envuelve al mundo en un manto de fe, todas tienen un fin totalitario, un fin trascendente, un fin globalizante. La idea de poder ver a todo el mundo con una sola mirada, como si fuera un objeto único, siempre ha existido, en los sueños de los poetas, de los científicos, de los religiosos. Todos estos hombres transmiten lo que se llevan del encuentro con el mundo entero. Pero las épocas hacen más complejos los sistemas de comunicación y la voz ya no sólo recorre unos cuantos metros. Ahora podemos murmurar algo y, si está en el lugar correcto, puede recorrer todo el mundo en un instante. Esta enorme capacidad de poder oír y de ser escuchados es una espada sin empuñadura, si no la tomamos con el suficiente cuidado puede cortar y seguir cortando la individualidad de cada uno hasta formar una masa espesa e inerte, como en la que me he transformado.
Sueño lo que generalmente viví, por eso con la magia de la tecnología y el gran ideal de ciertas personas por compartir sus sueños, obligatoriamente me hacen pensar en los sueños de los demás que duermen involuntariamente y no conocen sus propios sueños, pero que son forzados a soñar.
La imposición de los sueños es algo absurdo y destructor, querer enseñar a soñar a otra persona es algo contranatural, algo imposible, pero existe. La individualidad de soñar de cada persona, de cada pueblo, no puede ser absorbida por un solo sueño, la riqueza se da en la diversidad no en la uniformidad. El desconocimiento propio es la principal negatividad de la globalización, ya que no se da el conocimiento de dos partes sino sólo una apropiación por una. El encuentro entre dos sueños hace que soñemos más.
En fin, sigo inerte, mi mente viaja, vuela, camina, se tropieza, todo en un gran sueño por vivir lo no vivido, mis ojos se han cerrado, mi cuerpo yace frío, de maravilloso color azul, lo cual indica que mi tiempo en el tiempo se ha perdido.
viernes, 12 de abril de 2013
El tiempo
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