martes, 16 de febrero de 2010

Sergio Alexis Vargas Quintana
III semestre

¿Alguna vez te has sentido sofocado?, ¿desesperado? ¿Has sentido que llegas a un punto en que tienes tantos problemas que parece que la esperanza se murió y las noches están condenadas a no tener alboradas?...
    Pues como tú existimos muchos adolescentes que nos sentimos así, que creemos que la primavera de la vida se sepulta, se entierra, se guarda por la magia de los adultos…Pero siempre llega alguien que te abre la ventana que habías olvidado abrir en la recámara de tu corazón: la de la conciencia y entonces te das cuenta que, es cierto no siempre estás preparado para ver el sol a la cara, pero también descubres que no todo es una paradoja; la única que nos persigue es la paradoja  de la muerte.
    Lo importante hoy, lo sé, es darse cuenta de lo valiosos que somos como seres humanos, por el hecho de ser únicos, somos la generación perdida, la gran brecha inalcanzable  por los que tienen rato pasaron por este puente, tenemos algo esencial que los demás han perdido: poseemos el encanto, los sueños, fabricamos nuestras propias pesadillas de forma consciente porque gozamos de una inteligencia suprema: no es soldado para nuestra guerra el hecho que mi novia me deje, que mi familia esté en caos o  porque reprobé en la escuela. Todo existe fuera de la vida, de mi vida, de tu vida… entonces, nosotros decidimos cómo estar.
    Este es el momento para recordar que  todos tenemos algo especial, único para estar bien: nuestra virtud de ser adolescentes; nuestro regalo de hoy es: no ser un adulto.
    Las caídas no son para medir el piso, son para levantarnos. Los errores no son para llorar, son para enseñarnos que tal vez Dios al crearnos se dio un respiro de libertad y nos la heredó por naturaleza. Este es el momento para saber el precio de todo y el valor de nada. Experimentemos entonces con responsabilidad, el ser únicos ante el éxito y diferentes ante el fracaso.
    Nunca nos rindamos, nunca digamos esto es imposible, esta es la palabra preferida de los hombres pequeños, sin fuerza ni voluntad. Jamás nos demos por vencidos, dejemos de ser el sueño y pesadilla de los adultos para ser nuestra propia realidad.

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