jueves, 12 de septiembre de 2013

Mtro. Leopoldo Díaz        
Amor no es más que el modo de crecer.     
José Martí
        

La experiencia social vincula a nuestros estudiantes con una realidad que conocen, que han visto en la televisión, en los diarios y en la internet, una realidad que a veces en sus escuelas de procedencia han tenido a bien aproximarles, e incluso algunos padres preocupados y comprometidos les han tratado de inculcar a través del servicio. Es pues, una realidad conocida pero no del todo entendida, a veces mal interpretada y muchas veces despreciada por la obligación que supone desde los diversos actores sociales que los mueven a actuar.   

Por ejemplo, después de una lista de sitios donde podríamos vivir la experiencia la mayoría decidió que se realizara en la Casa Hogar “Manuel Gutiérrez Zamora”, un pequeño grupo de alumnos ya había asistido a la casa un año antes a dejar despensa y víveres, por lo que protestaron pues pensaban que el trabajo ahí ya estaba hecho, ya habían cumplido y no había nada más que ofrecer; esto me hizo caer en la cuenta de que la mayoría entiende el servicio con un dejo de paternalismo y lástima: “¡mira!, pobrecitos, hay que ayudarles”. Nada nos aleja más de vivir para el servicio y transformar nuestra consciencia a través de él, que hacer las cosas para aliviar los sentimientos de culpa o cumplir con obligaciones morales impuestas desde fuera por los demás.     

¿De qué sirve el Servicio Social si no aprendemos a servir y sólo ofrecemos asistencia? De ahí que la importancia de nuestra Experiencia radica principalmente en que a través del servicio nuestros estudiantes se olvidan de culpas y obligaciones, para vincularse con otros seres humanos que si bien son menos afortunados no por eso dejan de ser personas que más que nuestra caridad, necesitan apoyo para que sus opciones se abran a nuevas oportunidades que les permitan abrirse camino en la vida y superar sus propias limitaciones. Lo más difícil ha sido que nuestros estudiantes entendieran esto, sin embargo, al planear las actividades para apoyar a niños entre los 3 y los 6 años de edad, es evidente que no pensaban simplemente en aliviar su consciencia, sino en apoyar a estos niños a ser mejores y descubrir su potencial a través del juego, la pintura, el ejercicio y la música.     

Debo confesar que al principio la frustración se apoderó de nuestros estudiantes, entre sus planes y el encuentro con veinte pequeñas personificaciones de las tempestuosas fuerzas naturales se extendía la incertidumbre, les hizo cuestionarse qué posibilidades existían de hacer algo realmente valioso para estos niños, considerando la imposibilidad de organizarlos y atraer su atención: El resultado al final, sin embargo, fue mejor de lo que pensaban, ayudaron a los niños a gestionar mejor sus emociones, a ser más atentos y descubrieron su potencial para afrontar los retos y las dificultades que supone tratar de servir incluso cuando a quienes servimos se niegan a colaborar en su propio beneficio.      Pero lo mejor de todo es que cuando el servicio terminó, algunos estudiantes se acercaron a mí para solicitar que realice un convenio con la casa hogar para que ellos puedan ir al menos una vez a la semana a continuar el trabajo. A veces, con una sola persona que sea tocada podemos decir que la experiencia tuvo éxito, casi siempre es parte de un proceso que muestra cambios significativos en los chicos después de mucho trabajo, muchas experiencias y vivencias, pero el día de hoy varios estudiantes han mostrado una disposición excepcional y un compromiso que trasciende las obligaciones escolares y se anida en las obligaciones personales que distinguen a los grandes seres humanos, aquellos que han encontrado en el amor un modo de crecer y dedican su tiempo a servir a los demás sin esperar nada a cambio, sin necesitar nada a cambio.          

"Quien no vive para servir no sirve para vivir "
 Madre Teresa de Calcuta