jueves, 12 de septiembre de 2013

Abraham A. Sánchez Lima.

 
“Servir para amar, amar para trascender, también para sentirse bien”.

Bajo la premisa de “ser con, por y para los demás” accedimos a la invitación que extendió el Grupo Ignaciano, para asistir a las misiones al municipio de San Juan Ixtenco. El presbítero Juan García nos albergó en la casa parroquial de la población.
Con una logística sumamente estructurada por parte de la coordinación de formación social y política, que encabeza Yossadara Franco. Con la ejecución y gran disposición de Héctor Morales, sin olvidar el apoyo constante de la dirección que comanda Rafael de Regil, se efectuaron a las misiones de Semana Santa 2013.
Bajo este tenor, los alumnos del Grupo Ignaciano de la preparatoria, tuvieron que organizar talleres, mismos que fueron aplicados el lunes 25, el martes 26 y el miércoles 27 de marzo. Los asistentes fueron principalmente niños.
Durante la mañana asistimos a un taller para formación de los misioneros que aplicó Rafael de Regil, posteriormente nos volcamos en las calles del centro de la municipalidad para invitar a la gente a los talleres y a las celebraciones litúrgicas.
El primer día la asistencia fue escasa. Por fortuna, las estrategias improvisadas para extender dieron un mejor resultado el martes.
Los talleres culminaron el miércoles, con los salones llenos y un gran resultado, producto de la confianza de los padres y los chavales que nos acompañaron. Las temáticas abordadas se centraron en la ecología, derechos humanos, problemáticas juveniles y dignidad humana.
El jueves tuvimos una convivencia deportiva, misma que inició por la mañana y finalizó cerca de las dos de la tarde. Al término de la comida y de los oficios encomendados a los equipos, partimos hacia el panteón.
Desde ahí salió la procesión de los santos óleos, que finalizó con la misa en la parroquia. Un ambiente de júbilo con la banda de música que amenizó el trayecto, las campanas repicaban y la salva de cohetes estallaba.
Así inició la misa, en donde la reflexión se llevó a cargo de Rafael de Regil, que tuvo como eje la frase con la que inicia este relato: “servir es amar”. De este modo se llevó a cabo el lavatorio de pies, nuestros compañeros Aranza Minor y Osvaldo Macías en representación de los misioneros y alumnos formaron parte de un suceso inusitado.
Al término de la homilía acompañamos a la procesión hacia la escenificación de cómo fue aprehendido Jesús.
En el tenor de los días que precedieron al Jueves Santo compartimos los alimentos de la noche; después de asear el área y utensilios que utilizamos acudimos a un taller al que fuimos invitados por el Grupo Pastoral Juvenil de la parroquia.
En este espacio generamos una reflexión profunda del ser creyente, contrastando lo aprendido en la preparatoria con fines del ser humano, aspectos de ética, filosofía, que dejaron dudas y una polémica incesante. El día tuvo como punto culmine la adoración nocturna. Las actividades finalizaron al filo de las dos de la mañana.
De manera sacrificada nos levantamos el Viernes Santo, iniciando actividades desde las seis y media de la mañana, para al término del acostumbrado baño reunirnos para el desayuno; al terminar acompañamos a los feligreses al Viacrucis.
Bajo un sol que cayó a plomo, la experiencia ardua nos sirvió para contrastar nuestro fervor con el de los pobladores de Ixtenco que, bajo esa religiosidad conservadora, sintieron el esfuerzo físico y moral en el símil de lo que Jesucristo hizo. El grupo de misioneros, junto con el de jóvenes de la comunidad tuvieron el honor de pasar a cargar la cruz.
El ritual desembocó en la parroquia para la misa de las siete palabras. Donde Rafael de Regil colaboró de nueva cuenta en la reflexión, un silencio fulminante abarrotó el recinto...
Dentro del horario estaba contemplado un momento de descanso y esparcimiento, mismo que fue aprovechado por unos para enmendar las ho
ras de sueño y fortaleza física que mermaron a lo largo de la exhaustiva jornada del jueves y viernes. Compartimos los alimentos al filo de las dos de la tarde. Comenzó una lluvia que propagó por un momento el frío, la introspección en los misioneros. La tenue calma que da estar disociado de nuestro entorno, el aire que poco a poco amainó la consciencia de los misioneros. Un estado pleno de serenidad, que permitió reflexionar a la luz de los sucesos del Viernes Santo.
A eso de las seis de la mañana habíamos sido convocados para la Procesión del Silencio, con la imagen de la virgen María, veladoras y una devoción tenue empezamos a recorrer las calles en el camino en el sentido contrario del que se gestó el Viacrucis.
El sufrimiento de una madre, quizás exagerado en opinión de unos, pero en esencia es el sentir de nuestra sangre que desde variados puntos pudimos comprender. El ser humano es un cúmulo de emociones, sentimientos, deseos. Esto mismo fue refrendado durante la misa del sábado por la noche. Una misa de tinte renovador, la fe se renueva, los deseos de servir mejor también.
Iniciaba la Pascua, repitiendo color como el jueves: las campanas retumbantes, los cohetes acompañando la algarabía y devoción impactaron a los asistentes que de nueva cuenta abarrotaron la parroquia.
Finalizan las actividades del día alrededor de la media noche. Al día siguiente se empieza a cerrar el proceso por el que tanto se trabajó. Limpiando las áreas utilizadas, y por último con la costumbre de rendir cuentas sobre lo realizado. Agradeciendo el cálido recibimiento, nos despedimos entregando unas cartas al párroco y la señora que colaboró facilitar muchos procedimientos en la semana.
De admirar la labor de nuestros compañeros de sexto, que asistieron a las últimas misiones de su estancia en la preparatoria. Sobre todo de Laura Bernal, quien celebró su cumpleaños a falta de varios de sus seres queridos. Enhorabuena por su onomástico número dieciocho.
Y así terminaron las misiones. Con nuevos cuestionamientos por responder, por nuevos objetivos y premisas renovadas, con la Malinche de testigo finalizó una etapa de este apasionante camino llamado Preparatoria Ibero Tlaxcala.
Nuestro agradecimiento a las personas que organizaron, confiaron, participaron, y accionaron éste gran proyecto en el que todos disfrutamos mucho.
Una semana colmada de aprendizajes y reflexión, tanto colectiva como personal., que no dejará de ser objeto de cuestionarnos, qué tanto amamos y cómo queremos