martes, 22 de octubre de 2013

Valeria Corona 
Es así como comienza el principio del fin: el último año de prepa para mi generación. También,el levantarse más temprano, salir a tiempo para llegar a clase de siete, poner atención en clase, hacer tarea, resolver dudas; en fin, regresar a la rutina y ponerse las pilas por que en unos meses, es-taremos en la universidad.
    Y estar en la universidad es empezar a caminar solos y comenzar a fijar un rumbo, para que el viaje que es la vida sea siempre para adelante; como dijera Agatha Christie, «la vida es una callende sentido único».
    Un ejemplo de esto era un señor de nombre reconocido hoy en día, incluso una agrupaciónmusical decidió utilizar su apellido.
    Un holandés pelirrojo, de rasgos toscos, sin oreja derecha, unpoco loco y apasionado de la literatura, el ajenjoy el tabaco, era pintor.
    Era Vincent Van Gogh.Su vida, relatada por el escritor Irving Stoneen el año de 1953, parecía no tener dirección al enfrentarse con muchas situaciones sociales, personales, ideológicas, etcétera, propias de finales del silgo XIX. Pero ¿a qué voy con esto? Sucede que, a lo largo de su paso sobre la Tierra, hubo momentos críticos que le confirmaron cuál era su vocación en este mundo, el cual no creyó en él, lo despreció, lo torturó.
    Ahora que he leído sobre él en las vacaciones,me pareció admirable el hecho de que Vincent siempre hizo lo que quiso, a pesar de todo y todos.
    Había días que pintaba como loco: no comía ni despegaba la vista de sus telas; básicamente por dos razones, una, que no había tiempo que perder pues lo hacía inmensamente feliz su trabajo,y dos, no tenía dinero más que para sus pinturas,telas, pinceles, tabaco y ajenjo.
    Mientras nadie dependa de nosotros, tenemos la libertad de morirnos de hambre haciendo lo que nos llene la mente y el corazón.
    Claro que también se puede cuando se tiene una familia, pero es de otra manera, porque muchas veces eso es lo que nos obliga a hacer cosas que no nos gustan, que nos frustran, porque hay alguien que necesita de nosotros para vivir también.
    Espero que este último año de prepa nos prepare física, académica, personal y emocionalmente para enfrentarnos al siguiente paso y que todos los que me rodean siete horas y media, los cinco días de la semana, durante los últimos cuatro semestres, encuentren pronto algo que los haga apasionarse, vibrar, darlo todo por lo que sea que hagan.
    Hay que saber encontrarle a la vida un punto medio: Hacer esto de lo que he estado hablando y no llegar al extremo de no comer cinco o seis días.
    También, hay que permitir lo que los demás lo hagan. No limitarse a uno mismo ni anadie