martes, 22 de octubre de 2013

 Rosa María Salmerón Campos      

      En la actualidad existe un bombardeo de numerosas recomendaciones circulando por varios medios de comunicación que, ya sea nos motivan, insinúan u obligan a que practiquemos una alimentación saludable para no incrementar el problema de obesidad que enfrenta nuestro país.         Muchas personas traducen esto en “tengo que ponerme a dieta” y emprenden un camino, a veces largo, a veces corto, con orientación profesional o sin ella, por iniciativa propia u obligadas, durante el cual se enfrentan a diversos obstáculos que tal vez jamás consideraron que aparecerían. Algunos resisten, luchan, van contra corriente y lo logran; otros, solo se quedan en el intento. De los que lo logran, no todos consiguen que esos resultados, fruto del esfuerzo, perduren.
       Y es que “ponerme a dieta”, sobre todo cuando se hace sin orientación profesional, no siempre cumple con llevar a cabo una dieta correcta, que es lo que en realidad recomiendan los nutriólogos, sino que incluye algunas prácticas como:   
    Limitar considerablemente la cantidad de alimentos que se consumen.
   No comer pan ni tortillas 
  Comer todo asado, hervido o al vapor 
  Solo alimentarme de ensaladas    Endulzar mis bebidas con productos artificiales
   Preferir la versión light de los alimentos que la tengan disponible… 
      Sin embargo, no todas esas prácticas (que pueden llegar a ser innumerables) son saludables y/o no son susceptibles de aplicarse en todos los casos.        Dentro de lo que hay que tener en cuenta antes de “ponerme a dieta” está lo siguiente:        Buscar la ayuda de un nutriólogo. En primer lugar, debes saber cuál es la evaluación de tu estado nutricio y así estar seguro que necesitas someterte a un plan de reducción, que es el término adecuado para “ponerme a dieta”.
   “Ponerse a dieta” no es un acto de magia. Establecer un plan de alimentación adecuado a tus necesidades y ponerlo en marcha requiere de conciencia, esfuerzo y dedicación ya que el chiste es modificar los hábitos de alimentación y/o de estilo de vida que te han llevado hasta el punto en el que te encuentras actualmente. 
  Cumplir el objetivo depende de TI, no del nutriólogo, ni de quien te prepara la comida, ni de tu esposo(a), ni de tu mamá o papá, ni de una pastilla o un té… eres TÚ el que deberá poner en práctica estrategias que te permitan modificar los malos hábitos y en consecuencia llegar a tu meta.
    Como todo proceso, existen altibajos y dificultades. Esquivarlos, mantenerte firme y salir victorioso, como leíste anteriormente, también dependen de TI.
       Ahora sí, ¿estás listo para “ponerte a dieta”?