jueves, 10 de abril de 2014

Paola Pérez Yee Palacios

     La semana del 24 al 28 de febrero  tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia bastante interesante que es el servicio social, donde nos dividieron en grupos para que fuéramos a las  instituciones a brindar ayuda. A mí me toco participar en la Casa de la Niñez, que es la institución del Estado que recoge y da asilo a niños, ya sean abandonados o que estén sufriendo situaciones de abuso en sus mismas familias, etc.
     El primer día fue un poco frustrante pues no nos querían dejar pasar porque no estábamos en su lista de visitas y nadie de la escuela estaba ahí para avalar que efectivamente nos tocaba nuestro servicio, total que entramos y nos dejaron en un salón sin hacer nada. Entonces me acerqué a una maestra que me pidió que organizara a mis compañeros y nos pusimos de acuerdo con ella en cuestión de horarios y nos explicó la dinámica que terminó siendo actividades solo hasta después de que los niños terminaran su tarea y, obviamente, después de que salieran de comer, alrededor de las cuatro de la tarde.
     Lo que más me gusto fue que a mi equipo: Ángel, Regina y Ana Sofía, nos tocaron los niños más grande, que son los que cursan quinto y sexto, obviamente  hacen sus tareas prácticamente solos y, como terminaban rápido, nos daba tiempo de hacer más actividades que a los demás grupos.
     Además conocí a algunos pequeños que planeo ir a visitar más seguido, como a Montse, que es una niña de once años a la que le encantan los dulces,  a Nuri, una pequeñita que es súper aplicada y fue a la primera que ayudé a hacer su tarea y la que más disposición tenía de hacer todo desde el momento en que llegamos, a Vane, que es hermana de Montse y también le gustan los dulces, pero lo que me encanto de las dos hermanitas es que siempre me buscaron, por lo cual realicé diversas actividades con ellas: nuestro antifaz, la mano 3D, etc. Digamos que eran como mis consentidas y aparte de todo jugábamos futbol padrísimo, porque son súper entronas; también está Fer, un niñito que echa muchísimo relajo en clase pero es el que siempre termina todo rápido y le encanta salir a jugar.
     Para cerrar la semana propuse que hiciéramos un rally con estaciones cada quien, al final hubo solo cinco pero estuvo bastante divertido. Les llevé una mini granja, un poni, un faisán, unos conejos y unos borreguitos porque yo quería sacarlos a conocer, ya fuera un parque, pero no se pudo, así que dije, por qué no llevarles algo que se les pueda quedar marcado. También les dimos helado, y una actividad muy padre fue una  manta donde colocaron las manos y los nombres de todos.         
     Me gustó esta experiencia porque sí me abrió los ojos, pero sé que, por lo menos este año, ya le hice el día a alguien y espero que en futuros proyectos que tengo planeados pueda tener el apoyo que brindan instituciones como la Ibero y maestras como la que lleva el kínder y las de 5to y 6to, porque gracias a estas personas es posible ayudar a los que más lo necesitan.