martes, 27 de mayo de 2014

Héctor J. Morales Rodríguez

     Desde hace varios años nos hemos dado a la tarea de fomentar, en la Prepa Ibero Tlaxcala, una de las actividades que ha resultado más significativa para los alumnos asistentes: las Misiones de Semana Santa. Su anuncio es el Miércoles de Ceniza, y su inicio formal el Domingo de Ramos día en que los alumnos llegan a la parroquia de San Juan Ixtenco, algunos nerviosos, otros sin miramientos; los que regresan por segunda vez lo hacen con más ánimo, pero a la vez todos expectantes de las experiencias que les depara la semana.
     Los alumnos están convocados a tener un encuentro con los demás. No desde la diferencia o la conmiseración, sino considerando que sólo por medio de la fraternidad se puede lograr un mundo mejor. Y es por medio de este fundamento que se desarrollan las actividades y se promueve el acercamiento con la comunidad, tal cual lo hiciera San Ignacio de Loyola para emprenden su camino hacia afrontar nuevos retos.
     Allá en Ixtenco los recibe el padre Juan García y su comunidad. En la misa de Domingo de Ramos los presenta al pueblo y los invita, a ellos y a la población, a que abran sus corazones y puertas a la experiencia por venir. Ellos, los nuestros, nerviosos -algunos ni se imaginaban que estarían alguna vez frente a unas 500 personas- saludan con temor, estoicos, aguantan el embate de la mirada de los asistentes confusos del porqué de su presencia.
     Los chicos asistentes se divierten aplicando talleres que ellos mismos diseñan, a los niños y niñas de Ixtenco, con temáticas como derechos humanos, dignidad de la mujer, ciudadanía, etc., enmarcados en la jornada Mundial por la Paz, promovida por el Santo Padre Francisco. La convivencia con los niños crea experiencias inigualables pues, ante su franqueza, su sinceridad, alegría y apertura al hablar y contar problemas o situaciones cotidianas para ellos, en ocasiones abruman a nuestros alumnos. Abruman, pero a su vez conmueven e invitan a replantear su propio andar, considerando sus ventajas e imponiéndose nuevos retos.
     En los visiteos (recorridos casa por casa para invitar a participar en los talleres), por ejemplo, los invitan a entrar a los hogares, ellos observan situaciones fuera de lo habitual; les regalan un taco, un pan o algo de lo poco que tiene la familia, pero se ofrece sin miramientos. Estos actos trascienden en ellos, como si fueran regalos significativos que les ofrece un extraño y que son recibidos como invitaciones para su propia transformación.
     Las actividades litúrgicas que enmarcan a la propia Semana Santa ayudan al proceso de reflexión y establecen la relación directa entre lo que viven y experimentan los misioneros, y lo que experimentó Jesús de Nazaret en su propio andar a lado del desprotegido, del olvidado. Así también, al igual que en la Pascua, la invitación a trascender como seres humanos de cambio, con sus acciones grandes o pequeñas, con sus proyectos.
     Participar en las procesiones, liturgias y demás, al lado de la población, conmueve e insta a seguir preguntándose sobre lo que para otros resulta cotidiano y para ellos es nada habitual. Mediante las actividades ellos descubren el mayor referente de transformación y trascendencia que se hace presente: el seguimiento a Jesús, al igual que lo han hecho en la comunidad llamada Ixtenco o con los jesuitas o en el proyecto Ibero o alguna otra actividad que los invite a pensar que otro mundo es posible.
     Sí, trastocamos, las vacaciones de algunos de los alumnos, el gozo de estar con la familia, el disfrute en la playa, el sol o tal vez sólo el descanso en casa, pero provocamos experiencias que les sacudan, que los inviten a ser más, a ser con el otro, a pensar y pensarse en un mundo diferente, que los necesita, que los llama, que los lleve a poner el amor más en las obras que en las palabras. Lo significativo de esta actividad no solo es enunciada por quienes la organizamos sino que es expresada y transmitida así por los propios alumnos hacia sus padres y compañeros en muy emotivas cartas.