martes, 29 de julio de 2014

Patricia Juárez

     “¿Ser o no ser? Esa es la cuestión.” ¿Pero qué rayos quería decir Shakespeare con eso? Según sé, él mismo estaba perdido, queriendo escribir tragedia mientras la Reina le encargaba una comedia para el próximo festival. Bueno, ni siquiera sé si eso es verídico. Solo el tipo de información que te encuentras en películas históricas.
     Y es que me parece que ni este dramaturgo inglés sabía qué hacer con su vida. Es decir, ¿quién lo sabe? ¿Quién rayos sabe qué hacer con su vida? Sí, conozco personas que han planificado algunas cosas; pero me parece tan aburrido no buscar más, no probar de todo. ¡Tantos conocimientos, tantas personas, tantos continentes… tanto mundo por conocer!
     Y lo de menos son las distancias o las limitaciones monetarias… Lo que realmente cuesta ignorar, es ese cosquilludo temor a que los resultados no sean del todo positivos. Temor a que en un momento esté disfrutando y al otro me encuentre  con carencias que me impidan seguir.
     Bueno, no puede ser tan malo, ¿o sí? Digo, esas necesidades materiales pueden cubrirse con esfuerzo suficiente, pero las personas son algo más difícil.
     Ah. ¡Qué difíciles son los humanos! ¡Nunca puedes estar bien con ellos! Quieres llevarte bien con todos, pero todos parecen querer llevarse con nadie. Y lo peor es que no sabes qué hacer. Quieres ser amable y amigable, brindando apoyo y ánimos… ¡Pero te topas con tpos de comportamiento tan variados! ¡Es algo tan increíble! En momentos es genial que en un grupo de amigos todos sean tan diferentes –porque conste que la monotonía a nadie le gusta-. ¡Pero cuán difícil es actuar de mediador!
     A veces no sé qué es peor: que nadie quiere ser tu amigo porque “eres diferente”, o cambiar tu forma de ser para caerle bien a todo mundo. Luego, cuando empiezo con las tonterías de ser igual a los demás, escucho a Oasis cantando que necesito ser yo misma, que no puedo ser nadie más.
     ¡Y me gusta ser yo misma! Me gusta ser positiva, me gusta esforzarme, me gusta aprender cada día más, me gusta reírme de tonterías y hasta fantasear con cosas superficiales y banales.
     Y en realidad, estoy harta de negativismos, de que nadie quiera hacer nada, de que se quejen de todo y solo exijan sin dar. Incluso estoy harta de mí misma, de que me dejo deprimir y frustrar, de que me enojo por la actitud de los demás.
     Estoy tan harta de todo eso, que solo lo pondré a un lado. No al frente ni atrás, a lado. Porque no son  cosas que pueda desaparecer pero que tampoco dejaré que me persigan. Sólo me esforzaré y veré qué me encuentro en el camino.
     Un poco de esto, un poco de aquéllo, a ver por dónde voy.
     Sé a dónde quiero llegar, y aunque ese faro no ilumine los costados, supongo que lo genial será encontrarme con las casualidades.