martes, 29 de julio de 2014

Vanessa Quintero

     Diariamente nos enfrentamos a muchas situaciones difíciles en la vida: falta de dinero, adicciones, la muerte de algún ser querido, enfermedades incurables, problemas de familia. En fin, hay cosas que simple y lamentablemente no podemos cambiar y aunque nos sintamos inútiles e impotentes muchas veces no hay nada que podamos hacer. Pero no todas son imposibles de cambiar, hay cosas más simples que representan un reto interior.
     Hace un año me enfrenté a algo muy difícil para la mayoría: pedir perdón, y ayer tuve mi segundo reto, dar gracias.
     Solemos hacer las cosas que creemos debemos o queremos hacer y de la misma forma funcionan los demás, en ocasiones los veo como máquinas que no se detienen a observar y apreciar la belleza de las acciones y decisiones que tomamos. Pedir perdón a mis compañeros no fue sencillo, y no porque hubiera hecho cosas desagradables o hirientes sino porque me di cuenta que no se trata de pedir perdón por lo malo que he hecho sino por todo aquello que pude y nunca hice, hay tantos recuerdos que podría tener y que no tengo, los dejé ir. Ayer pude recordar la frase más popular de mis padres “Recuerda siempre: por favor y gracias”. Cuando un favor está de por medio es fácil pedirlo por favor pero ¿decir gracias?
      La tarea no fue sencilla, encontrar por qué darle las gracias a mis compañeros y decirlo en voz alta no es algo que uno haga comúnmente aunque debería. Pero me di cuenta que no era la única, que estaba rodeada de veinte personas más que no lo hacen tampoco y que no tienen idea de qué decir, una de las pocas veces dentro del grupo que compartimos un sentimiento todos juntos, en el mismo lugar y en el mismo momento, no hubo llantos ni tanta expresividad, sí hubo unión y aunque suene muy optimista creo que cuando menos tuvimos la oportunidad de estar juntos y el simple hecho de estar ahí presentes sentados rodeando las velas es darle las gracias a cada uno. El pasado es un recuerdo pero el presente un regalo y yo doy gracias a mi pasado y a las personas que formaron parte de él por darme este regalo, mi presente.
     Si bien hay cosas que a ti y a mí nos hacen sentir inútiles e impotentes también hay algunas que nos pueden hacer sentir satisfechos y en paz. Pedir perdón y dar las gracias puede ser difícil pero te aseguro que valen la pena.