jueves, 10 de abril de 2014

Maricruz Cassou Martínez

     "Todos somos dignos" es una frase que a todos se nos ha enseñado a repetir, que alguna vez hemos completado en algún cuestionario. Sin embargo, no nos damos cuenta del verdadero significado de estas palabras y del peso que traen consigo en la vida de cada una de las personas. Somos dignos porque somos personas, porque tenemos derechos pero, así como yo tengo mis derechos, debo respetar los de cada una de las personas que están en mi entorno cercano.
     Entonces ¿si yo tengo derecho a ser feliz, de repente tengo el derecho de privar la felicidad de alguien más simplemente porque no comparto sus gustos? Todos somos importantes, sin embargo, el hecho de transgredir los derechos del otro, puede afectar más de lo que imaginamos.
     Cada vez que lastimamos a alguien por sencillo que parezca podemos herir a esa persona o tal vez hacer que una herida crezca, y no es en esto en lo que deberíamos contribuir, sino en cicatrizar las heridas para hacer sentir a esa persona digna, tal y como lo es por el simple hecho de ser persona.
     Es cierto que todos somos diferentes y en este campamento vivimos algunas actividades en las cuales pude ver que a pesar de que compartimos salón de clases todos los días, cada uno ha vivido cosas diferentes y lo importante no es quién tiene más o menos, lo importante es el reconocer que eso no hace a ninguna persona menos. Yo no tengo la culpa de haber tenido un accidente, ni de rentar casa, ni de haberme enfermado, pero sí tengo la culpa cada vez que me muestro indiferente ante una situación así que afecta a los otros.
     Otro mundo es posible, este es el lema del campamento que los alumnos de la Prepa ibero Veracruz vivimos la semana pasada, y sin duda alguna otro mundo es posible cuando aprendemos a luchar por nuestros derechos y a respetar los de los demás, cuando aprendemos a ser agradecidos por lo que tenemos, cuando aprendemos a trabajar en equipo, cuando entendemos que a veces una sonrisa puede transformar el día de una persona.
      Reconciliarse con uno mismo para no seguir causando heridas, para entonces transformar mi mundo y nuestro mundo.