jueves, 10 de abril de 2014

 Paty Juárez

     Heridas, compulsiones, hechos importantes de nuestra infancia. Esos aspectos que sin darnos cuenta han tomado parte importante de nuestra formación, de lo que soy ahora. Mi cultura, mis ideales, mis preocupaciones, mis gustos y todo aquello que conforma mi identidad.
     Lo curioso es que, hasta este punto, pareciera que nos enfocamos al individuo, y eso es precisamente lo que este campamento trata de recordarte: no estás solo. Sea que de pequeño te despreciaban o te amaban, que aun en este momento creas que tú solo puedes lidiar con tus emociones, siempre estarás ahí con los demás. Con tus compañeros de clases, con los modelos y estereotipos de la mercadotecnia, con las costumbres de la sociedad.
     Todo tu entorno influye en ti y tú en él a su vez. Pudiste haber sido aquél que se burlaba del compañero aplicado o el compañero aplicado que era molestado. Puedes ser quien solo trata de copiar a la gente popular o eres la persona popular que impone su imagen como modelo para los demás. Podrías ser ese político corrupto que llevará al país a otra depresión económica o el agente de cambio que tanto se necesita.
     Pero no podemos pasar por alto la regla de oro: no puedes dar lo que no tienes. Antes de reparar al mundo, es necesario repararte a ti mismo. Puede que haya detalles que pensaste que no te afectaron mucho, pero las relaciones humanas son más complicadas que eso, así que tendrás que aprender a superarlo o superarlo, porque siendo víctima no ayudas a nadie, ni siquiera a ti mismo.
     Volteas, y al ver a los demás, te das cuenta que tu mundo inmediato no te puede ser indiferente, y es que a la casualidad -¡oh, gloriosa casualidad!- le ha dado por ponerte con ese montón de extraños locos, rebeldes, chistosos, que llamas compañeros; que no importa de dónde rayos vengan, cada quién tiene su propio camino recorrido, uno que los han conformado y que les han hecho ser quienes son con todos esos defectos y virtudes que de alguna u otra forma terminan enseñándote algo.
     Porque al final, te das cuenta que no solo estás tú, sino tú con los otros… y para los otros en el futuro.