jueves, 10 de abril de 2014

María Guadalupe Campos Jiménez
     Danos tu gracia que eso nos basta… 
San Ignacio de Loyola

     Un hombre nos enseñó que el amor es entrega, es olvido de uno mismo y que permanecer en la búsqueda de lo que al otro pueda hacer feliz es una manera de vivir en el servicio. Hoy, en pleno siglo XXI, es necesario reivindicarnos en esta enseñanza empezando por encontrarnos a nosotros, a nuestro yo, no nos podemos hacer responsables del otro si no somos capaces de responsabilizarnos de nosotros mismos como seres humanos, como estudiantes, como profesionistas, como hijos, como hermanos, como padres de familia, como autoridad, como gobierno, como personas, como ciudadanos…
     Se hace indispensable repensar nuestra estancia en el mundo, ¿qué somos?, ¿quiénes somos?, ¿para qué y para quién somos?, ¿en dónde tenemos puesto el corazón y nuestras acciones?
     Cuestionar nuestra conciencia y hacerla presente, es un acto de justicia, con y hacia nosotros, de solidaridad con nuestra humanidad inmediata, de compromiso con los otros, con los que amamos, con los que desconocemos o no conocemos, es un acto de responsabilidad como personas, hacer un alto para sanar lo que lastima nuestra existencia, revalorar lo que hemos hecho a un lado, amar lo que creemos ya es amado, dar más porque somos capaces, hacer más porque lo merecemos, estar más porque lo necesitan, ser más porque lo podemos.
     Lo anterior, no significa sólo acciones de generosidad, altruismo o filantropía, son seres y haceres para construir y poblar verdaderamente una sociedad de personas humanas sensibles a sus propias necesidades, abiertos al dolor y ausencias de los más vulnerables, no sólo por carencias materiales sino por carencias de actitudes y acciones benevolentes con ellos mismos.
     Hagamos entonces un alto de cuarenta segundos y abracémonos con nuestro interior para decir juntos una oración de encuentro y confirmación del amor al prójimo, afirmemos como especie humana: aquí estoy con responsabilidad, con el compromiso de amarme para aprender a amar a los demás.