martes, 27 de mayo de 2014

Paulette Orozco Castro

     En todo mi servicio social, viví varios sentimientos y emociones que tal vez en algún momento del principio no esperaba experimentar. Durante esta semana no esperaba que me fuera a llevar bien con los compañeros del equipo, ni que haríamos un buen trabajo.
     El primer día de actividades  estaba nerviosa, porque no sabía qué hacer o cómo llamarle la atención al niño más grande de la comunidad, llamado Marcelo. Me sentía impotente y desesperada de que el niño no quería hacer nada de las actividades que teníamos para ellos, pero gracias a las terapeutas de la institución pude darme cuenta de que cuidar a los niños con autismo es casi lo mismo que tratar de enseñarles a niños con otras capacidades.
     Esta experiencia me dejó un aprendizaje que no olvidaré fácilmente, el cual  es reconocer los diferentes talentos que tenemos, porque cada quien es bueno o especial haciendo algo, y pude reflexionar sobre esto gracias a una actividad que realizamos con los niños. Estábamos armando rompecabezas, entonces un amigo y yo no podíamos ver la forma de cómo armarlo, entonces un niño llamado Alex seguía armando e intentando armarlos, hasta que encontraba una solución. Otra cosa que aprendí durante mi servicio social fue el apreciar las pequeñas cosas que tenemos o nos pasan a nuestro alrededor, y los niños con autismo me dieron un gran ejemplo de esto. Con simplemente brincar en el trampolín o atrapar burbujas ellos eran realmente felices, y pienso que eso me deja algo bueno porque muchas veces llego a olvidar que no se necesita todo el oro para ser feliz. Sinceramente no tengo ninguna experiencia mala relacionada con los niños o la institución, porque hubo una excelente organización y gracias a las terapeutas aprendimos a cómo debemos enseñar o convivir con estos niños.
     Me gustó mucho esta experiencia, porque me dio la oportunidad de abrir un poco más mi consciencia hacia como tratar de ayudar a las demás personas que convivimos en una sociedad o comunidad.