martes, 27 de mayo de 2014

Daniel Bisogno Atala

Mi árbol de luminosos destellos,
arribo a tus faldas por verte ahí,
arrojando tus hojas por los vientos,
que al final, caen de nuevo a tus pies.
Hermosa, brillante, reflejo de felicidad,
reflejo de grandeza entre tu arboleda
a la que asisto cada día sin piedad.
Luminosa y desatada como los ríos,
heme aquí en una torre de calor
en donde sólo espero ver tu resplandor.