lunes, 4 de agosto de 2014

Analú Berea y René Mendoza

     "El éxito no es la llave de la felicidad. La felicidad es la llave del éxito. Si amas lo que haces, vas a ser exitoso". Herman Caín (Escritor y orador americano). Todos buscamos, en mayor o menor medida, tener éxito. Podemos tener mucho éxito y ser infelices.
     Podemos ser muy felices, aunque desde el punto de vista de la mayoría de la gente, no seamos exitosos. Se dice que tener éxito es lograr el resultado que deseamos, pero nuestra cultura, la occidental, ha utilizado la palabra éxito, casi como sinónimo de poder y de grandes logros económicos y sociales, es decir, de ser alguien que "vale la pena" en esta vida.
     Esta forma de ver el éxito provoca algunos problemas importantes:
     A partir de esta idea, sólo le damos importancia a los resultados y dejamos de disfrutar el proceso.
     En lugar de centrar nuestra atención y darle importancia a la manera de vivir cada momento del día, a disfrutarlo, a estar conscientes de él, nos centramos únicamente en los resultados que vamos o queremos obtener.
     La búsqueda del éxito se vuelve sumamente estresante... Sin embargo, el resultado puede ser sumamente satisfactorio.
     ¿Y entonces qué? ¿Lo utilizamos para demostrar nuestro valor personal? Este aspecto está relacionado con el tipo de autoestima que tenemos,  generalmente hay gente que tiene mucho más que nosotros, por lo que nunca sentimos que es suficiente.
     Lo claro es que no tenemos claro lo que significa éxito para nosotros, por lo que tratamos de alcanzar lo que otros han calificado como tal.