martes, 10 de septiembre de 2013

Cristina Martínez Martínez


Muchos pensamientos son los que vienen e inundan mi mente mientras me pienso dónde me encontraba hace un año exactamente, pensamientos que invariablemente se ven acompañados de una miscelánea de sentimientos y emociones. Hoy, hace 365 días, encontrándome en una realidad completamente distinta a la actual, comencé a emplear la frase “todo tiene una razón de ser” porque mi vida comenzó a tener un giro inesperado, tan inesperado, que no sabía cómo reaccionar y tomé este pensamiento como un refugio a mis dudas sobre el futuro y lo que estaba viviendo en dicho momento, sin saber que era una de las mejores decisiones que pude haber tomado en ese instante.     

Siendo una alumna de nuevo ingreso en quinto semestre, comencé a experimentar miedos y a tener expectaciones desde el primer día del propedéutico, las emociones comunes, que creo yo, invaden a quien sea que se enfrenta a un nuevo ambiente completamente diferente a cualquiera en que se hubiera estado anteriormente. Fueron dos de las semanas más grandiosas de mi vida, en el propedéutico conocí a todos aquellos que, como yo, ingresaban a un nuevo ambiente educativo, lo que me hizo sentirme inesperadamente cómoda con este nuevo entorno.    
 
Pasadas las dos semanas, era ahora un nuevo reto y nuevas esperanzas. Recordaré por siempre, con una sonrisa en el rostro, mi primer día de clases, puesto que fue muy cómico cómo no encontraba mis salones, no sabía qué hacer ni a dónde ir; no obstante, ese día mis ojos vieron nuevos rostros, rostros que nunca esperé que hoy en día fuese a querer tanto.     

Avanzó el semestre y crecí de mil formas distintas. Mis compañeros se volvieron mis camaradas, mis maestros pasaron de ser simples educadores, a ser mis amigos, mi apoyo, mi guía y mi luz, comencé a notar el afecto tan grande, que crecía en mí, ya no sólo por aquellos con los que me relacionaba, sino también por mi escuela misma, por mi nueva familia, a la cual siento que he pertenecido toda mi vida y no simplemente un año hasta ahora.   

 Cada día es una aventura diferente, nuevas metas, nuevos propósitos y nuevas esperanzas surgen en mí y uno de los sentimientos más grandes que experimento y no puedo evitar, es la nostalgia, la tristeza de saber que dentro de tres meses dejaré estas instalaciones, que me abrazaron con tanta humildad, con tanto cariño y empatía, estas instalaciones que se convirtieron en mi segundo hogar por un año, el más largo y gratificante de mi vida, para dirigirme al comienzo de mi futuro en la universidad.  

Hoy agradezco todo aquello que me ha sucedido, lo bueno y también lo malo, porque me han hecho ser quien soy hoy en día, creo que puedo finalmente decir que tenemos la capacidad de entender el pasado porque nos encontramos en el presente experimentando todo lo derivado de lo que ya vivimos; sin embargo, no comprendemos en ciertas ocasiones nuestro presente porque desconocemos por completo nuestro futuro, solemos sufrir por las dificultades que vivimos sin pensar que esas dificultades fueron puestas específicamente de esa manera, ante nosotros, para que al salir adelante y superarlas, nos transformemos en esa gran persona que seremos el día de mañana.