martes, 10 de septiembre de 2013

Héctor Manuel Peredo T.


Siempre que me decían que la Ibero me iba cambiar mi forma de pensar, lo único que pensaba era “Claro, cómo no…”. Nunca había estado tan equivocado.   
 Me ha cambiado la manera de ver muchas cosas. A través de los campamentos, sus actividades sociales desde lo académico a la experiencia rural, han cambiado mi forma de ver a la sociedad que me rodea. Yo siempre he sido tímido, no me gusta hablar mucho con la gente que no conozco porque siempre pienso, ¿qué puedo hablar con ellos, que tengamos en común?  
Esta es una parte de mí que la Ibero me ha transformado.     
Los espacios de reflexión, Interprepas, al convivir con las demás delegaciones, y pero sobre todo, en la Experiencia Rural. Ésta última fue la que más me ayudó a volver la hoja de mi vida, al ver cómo la gente de Loma de las Flores se esmeraba porque yo estuviera cómodo, me hacía sentir mal que mi familia asignada en esta comunidad me preguntara sobre mí con una gran sonrisa en la cara, y yo sólo daba contestaciones cortas.     
Al ver cómo mis demás compañeros convivían con la demás gente y les hablaban y les hacían plática, como si fueran una persona que ya conocieran desde siempre, me hizo entrar en un estado de reflexión sobre mi personalidad.    
 Me curé de lo “apático y sangrón” y conviví con ellos como si fueran conocidos desde hace mucho tiempo. Hoy, convivo y vivo con los otros.