jueves, 17 de octubre de 2013

 María Guadalupe Campos Jiménez

Hacer que nada pasa
es cegarte a ver el mar,
es asirte al abismo
del hastío y desatino.


Hacer  que nada pasa
es ser sordo al deseo,
es aniquilar la alborada
de la primavera esperada.


Hacer  que nada pasa
es callar frente al silencio,
es hacer muda  la palabra,
es ser infiel a aquél que nos llama.


Hacer como que nada pasa,
es tener frío en verano
y morir de calor en el invierno.
es atarse con un ancla.


Hacer que nada pasa
es castrarnos los deseos
de ser más que una cascada
en los sueños de pescadores.


Hacer  que no pasa nada
es seguir en el desierto
negando la frescura
del agua de la esperanza.


Hacer  que nada pasa
es decir que nada pasa
cuando estoy quieta
y cabizbaja cubriéndome el rostro  de miedo.


Hacer que nada pasa
es cerrar los oídos al viento
que trae la voz del sigilo
callado a través del espacio.


Hacer que nada pasa
es estar anonadado por las líneas del infierno
es hacerse débil e interfecto
es abandonar el coraje
de ser distinto en el tiempo.


Hacer que nada pasa es estar como muerto
es como falsear un entierro
es dejarse asesinar lentamente y en silencio.