martes, 22 de octubre de 2013

 Abraham A. Sánchez Lima. 

      Acobijados por la pasividad del campo y la serenidad que embarca el entorno natural, salieron a la luz algunos de los grandes dilemas y complejos personales por parte de algunos alumnos de Quinto Semestre… evidentemente no todos nos acoplamos.
     Aun así no hay duda que ha sido un encuentro magnífico el planteado en los cerros del extremo norte del estado de Tlaxcala que en el clima templado y entrada la jornada clareó el cielo coincidiendo con la lucidez del conocimiento que se va adquiriendo en el transcurso del semestre.     Arribamos al primoroso sitio, el ejido de San José de la Laguna, Municipio de Lázaro Cárdenas, al borde de las 10:30 de la mañana e inmediatamente dimos cuenta de la amabilidad de su gente. Don Manuel Loaiza, un productor exitoso en la comunidad, fue el encargado de orientarnos en el recorrido y que con sus estilos anecdóticos y chuscos nos permitió soltar varias carcajadas a lo largo de la jornada.
     Hubo sin duda quien demeritó el lugar dado que un ciclón había propiciado intensas lluvias en el centro del país lo cual fue mermando la condición del terreno y en consecuencia, dificultando para algunos la caminata.
     La dinámica del recorrido fue bastante interesante, nos íbamos moviendo hacia distintos sectores del área y platicando con don Manuel y con nuestros allegados colegas disfrutamos a cabalidad de la visita, que es el preludio de lo que viviremos en la Experiencia Rural.
     Presenciamos pues los proyectos que han sido realizados conjuntamente entre el gobierno y los productores del ejido. Un jagüey, donde se almacena el agua y se va administrando para la cosecha agrícola y el desarrollo de la acuicultura. También vimos cómo organizan y emplean sus propios insumos contribuyendo así al ahorro. Por último, visitamos el invernadero donde se cosecha jitomate e incluso nos obsequiaron algunos.
    Un paisaje donde los cerros están recamados del verde del temporal, una parsimonia que es perceptible bajo el mensaje del viento mientras uno se posa en la inestabilidad de un montículo de arena húmedo a un costado del árbol y frente a un maguey admirando la inmensidad del cielo hondo la inamovible predicción del tiempo.
     Y así llegó la hora de decir adiós a un episodio de lo que es la incipientemente Experiencia Rural. Con deseos de éxito y grandes expectativas nos despedimos de nuestro cordial guía, emprendiendo el regreso de un día de importantes aprendizajes.
    Para propios y extraños debe generar una reflexión, reconocer la labor de los artífices que hacen de un mundo justo algo altamente beneficioso para las personas del entorno urbano, es por ello que también la visita permitió contrastar la idiosincrasia de las personas del campo que de manera gustosa labran la tierra, cosechan y producen generando posibilidades siendo simultáneamente con, por y para los demás.