viernes, 6 de diciembre de 2013

Vanessa Quintero
    
     -Mariela, da 3 pasos hacia el frente, 2 a la izquierda y 5 al frente de nuevo.
     -¿Estás seguro Diego?
     -Sí, el mapa dice eso.
     -Pero caeré en el agua.
     -¡Tendremos que nadar entonces!
    
     Recuerdo todo lo que pasó ese día, el principio del fin.
    
     Mariela y yo hicimos exactamente lo que el mapa indicaba y después de caminar entre las piedras llegamos a la Cascada de Agua Azul que estaba cerca de mi casa, nadamos y encontramos una cajita de madera entre unas rocas. Suena muy extraño pero la caja, entre el agua estaba intacta y era hermosa pero Mariela  siempre fue una miedosa y no quería quedársela así que yo la guardé.
    
     -Mariela este es el tesoro. ¿No quieres saber que hay dentro?
     -¡No! Mejor déjalo ahí Diego, no es nuestro.
     -¡Miedosa! Ya verás que no pasa nada.
    
     Lo abrí y tenía razón, como siempre, no había nada malo, sólo una llave. ¿Pero por qué habría una llave dentro de una caja que necesitaba de una para abrirse? No tenía sentido.
    
     -¿Y esta llave que abre?
     -No lo sé Mariela, pero tenemos que averiguarlo.
     -¿Otra búsqueda del tesoro?
     -¡Así es!
    
     Seguimos jugando todo el día, encontramos otras 3 cajas cerca de la cascada pero lo más extraño no era haber encontrado tantas cajas diferentes sino que todas se podían abrir con la misma llave.
    
     -¡Niños, a cenar!
     Mamá nos gritó y salimos corriendo, moría de hambre.
    
     Pasaron días, semanas y meses y como siempre Mariela y yo éramos exploradores y seguíamos encontrando cajas que abríamos con la llave mágica que abría las puertas de la casa, cajas, candados, de todo.
    
     El tiempo se encargó de hacernos más gordos, más realistas, más inteligentes y cosas así, pero lo que nunca nos iba a quitar era nuestra llave mágica. Mariela es mi mejor amiga y lo ha sido siempre así que se la di cuando cumplió 15 como regalo de cumpleaños. De vez en cuando yo iba a visitarla y volvíamos a jugar como antes a los exploradores. Esa llave era todo para nosotros.
    
     -¿La perdiste? ¡Cómo se te ocurre Mariela!
     -Lo siento Diego, no fue mi intención ¡perdóname!
     -No, eso no se perdona, sabes lo importante que es para mí y te la confíe.
     -Por favor Diego por favor.
     -Nunca
    
     Me fui de su casa muy enojado y le dije muchas cosas feas. Pobre Mariela.
    
     -¿Diego?
     -Si
     -Hijo, Mariela te necesita, está muy mal, por favor ven a verla, es lo único que ella pide.
     -¿Mariela mal? ¿Qué tiene? ¿Qué pasa?
     -Sólo ven.
     ... No dije nada más, colgué y salí corriendo a la casa.
    
     Toqué la puerta y nadie contestó así que entré, fui a su cuarto y vi mamá llorando. Ella salió del cuarto y me dejó a solas con Mariela Me acerqué y tomé su mano, no necesitaba que dijera nada, sabía que Mariela me dejaría.

     -No te vayas.
     -Perdóname Diego, necesito que me perdones.
     -Olvídate de la estúpida llave Mariela ¡no me dejes!
     -La encontré, ¡puedes perdonarme porque la encontré!
     -No me importa esa llave, me importas tú.
     -Esto es nuestro todo, toma, te la devuelvo
     Le grité "¡deja la llave, no me importa!" y se la regresé.
     -Déjame ir Diego, me duele.
     -No Mariela ¡no!
     -Ya no necesito esta llave Diego, ya no me sirve. Ahora necesito otra que es mucho más importante, no me puedo ir sin tu perdón. La puerta no abre si no me perdonas.
     -¡Mariela por favor!.
     Comencé a llorar
     -Perdóname, es todo lo que te pido.
     -Te perdono Mariela, te perdono pero no me dejes, no te vayas.
     -Cuida la llave Diego, la magia nunca termina. Gracias.
    
     Mariela  no dijo ni una palabra más y yo no paraba de llorar. "¡Estúpida llave, siempre dije que lo eras todo pero cuando quiero que cierres algo no lo haces. Puedes abrir lo que sea pero no cierras nada, no sirves!"
    
     Y tenía razón, la llave no servía propiamente porque no era una llave común, abría todas las posibilidades pero no podía ir en contra de lo inevitable, Mariela tenía que irse pero la llave no era mi todo, nunca lo fue, siempre fue Mariela, ella es y será siempre mi llave.