jueves, 10 de abril de 2014

Aranza Minor

     Desde el arte literario y poético escrito en prosa por Octavio Paz, él hace una fuerte reflexión sobre el uso del lenguaje. Un choque contundente entre las emociones y la información se torna un tanto difícil  de expresar con claridad las ideas exactas, y que éstas sean entendidas en la misma proporción. Decía el maestro de la sospecha, Karl Marx, que la premisa primera y más importante es que el lenguaje nace gracias a la necesidad de subsistencia. Entonces qué sucede cuando el lenguaje se afilia a las disciplinas del arte, ¿será también el arte un método de subsistencia?
     Retomando el libro El Mono gramático, de Octavio Paz, escrito en 1972, éste muestra la capacidad del autor de reconocer olores, sabores, imágenes y sonidos dentro de su recorrido a Galta. Pero este texto asombra por la precisión de dar lujo de detalle por cada componente que va formando la historia. Hace de lo cotidiano lo más hermoso; frágil y susceptible, el maestro y ganador del premio Nobel de literatura, Octavio Paz, toca las fibras más sensibles del lector con una bella poesía redactada en prosa extensa, con ayuda de figuras retóricas como metáfora, hipérbaton, comparación, y prosopopeya, entre otras, por ejemplo: “Un paisaje petrificado contrasta esta severidad geométrica con delirios que el viento y las rocas inventan allá arriba, en la montaña. Se sube durante un centenar de metros por una cuesta no muy empinada, entre montones de pedruscos y tierra arenisca” (Paz, p. 21, 1989).
     Quien haya tenido el privilegio de leer El mono gramático (1989), sabe que después de la amena lectura, uno sale a la calle con la manía de contemplar lo más simple, lo más común, observando en su simpleza la belleza particular de los objetos. Delatando, descripción en descripción, lo que con prisa y astenia, uno se ciega. Y es precisamente eso la intención del autor. La capacidad de, como diría Ignacio de Loyola, “ser contemplativos en la acción”. No hay que echar en saco roto estas reflexiones, el ejercicio de detallar los instantes con un arma tan poderosa como la poesía, poder delatar de manera estética y fina los defectos y virtudes del entorno.
     Personalmente esta actividad de la lectura, tanto de poesía en prosa o verso, de guiones teatrales, novelas y textos informativos, le ha dado a mis ojos la lucidez para vislumbrar la realidad. Reconocer que el lenguaje no solo es aquí en México, sino en el mundo. Tal vez la observación suena obvia pero cuando se reformula pareciera que la causa principal del lenguaje, de comunicar, viene a menos. Pero también me deja inquietud de seguir escribiendo, de seguir produciendo. Me asombra que Octavio Paz fuera tan valiente y hábil para compartir sus sentires con otros; pues a veces resulta penoso que lean y se den cuenta cómo uno ve al mundo.
     Para concluir, quisiera retomar esta dialéctica tan compleja del lenguaje sobre su principal función, la comunicación. Entre rimas y sonetos, poemas y ensayos, canciones y meras noticias informativas, no dejo de ser sorprendida con la flexibilidad del lenguaje. Para mí no basta la categorización en géneros para saber a lo que uno se está refiriendo; no basta el contexto. El lenguaje, arma de doble filo, un día me embelesa con lo más cálido de una poesía, y de repente me lleva al discurso de guerra más bélico.
     La versatilidad y limitaciones del lenguaje me evocan emociones como cuando me encuentro enamorada. Me siento rica entre tantos sentimientos pero también me quedo corta a la hora de expresarlos.