jueves, 10 de abril de 2014

Abraham Antonio Sánchez Lima

     A la llegada a la Ciudad de México, setenta minutos nos separaban de una experiencia en promoción del conocimiento. Teniendo como inicio de la visita las once de la mañana, nos dispusimos a recorrer las cuatro salas del Museo de Economía.
     La visita se gesta en el marco de la materia de Probabilidad y Estadística, que permite conocer con mayor hondura las condiciones por las que atraviesa el país de una forma realista, que nos acerque a ser agentes de cambio.
     Inaugurado en julio de 2006, el museo se ha dispuesto para concientizar sobre los procesos naturales y su influencia en la transformación para proveer a la ciudadanía de bienes y servicios. A lo largo de las distintas galerías pueden observarse una serie de herramientas lúdicas que benefician el aprendizaje y comprensión de los procesos que embarcan, en gran parte, a los sectores de la economía.
     La dinámica de las finanzas, oferta y demanda, han sido una de las más emocionantes dinámicas realizadas por medio del simulador de mercado, donde se ha podido contrastar la variabilidad de la economía a nivel macro.
     Asimismo, en alguna de las salas, se pueden apreciar el consumo, los excedentes generados y el valor adquisitivo que posee la población. La administración pública federal, la forma de proceder administrativamente de las empresas y la forma en que los recursos económicos son aplicados, principalmente al plano urbano.
     También, se explica la condición general del país, los niveles de alfabetización, la calidad de vida,  y la educación.
     De este suceso varias preguntas me surgieron para reflexionar: ¿Dónde estamos y a dónde anhelamos llegar? ¿Por qué la justicia es un concepto transdisciplinar con nexo indisoluble a la economía? ¿Qué puedo hacer ante la realidad que se manifiesta?
     Sin lugar a dudas, este tipo de visitas y esta clase de museos no permiten llegar a un entendimiento… Entendimiento que resulta como cualidad inobjetable que funge como motor en la transformación de la realidad. Así, podemos transitar hacia una reformulación de los principios, reflexión y contraste de nuestro mundo.