martes, 29 de julio de 2014


María Guadalupe Campos Jiménez

     El brillo de tus ojos me lo dice todo: soy tu  prioridad en este servicio: ¡Gracias maestro por darte a mi vida con esta entrega cotidiana! Detrás de tus conceptos me encuentro cada día  y logro construir nuevos significados en lo que soy y busco, fui tu elección desde el principio. ¡Gracias maestro!
     Cuando en clase me observas preocupado por mi distracción, me atrapas con tu sonrisa y la fuerza de tu rostro  me dice: “guarda silencio y resguarda tu conocimiento para saber después”.
     Gracias por ser tu elección la docencia, gracias por ser tu decisión la entrega, gracias por estar aquí en este encuentro  de esperanza y conocimiento.
     Felices los pupitres que te vieron entrar, pero dichosos los oídos que te escucharon, maestro, hoy son tacto, son ojos, son pies, son todo, son un poco de ti….
     Maestro, protege tu victoria entre mis manos, aquí estará segura  para siempre pues  a donde yo vaya y vayan los que vienen detrás de mí tu esencia saldrá triunfante… ¡Felicidades  maestro!
     Sé que no he sido el mejor estudiante pero he aprendido a valorar tu entrega y pasión por lo que haces  y me entregas forma desmedida…
     Ayer  mi madre me pidió que escribiera el nombre de la persona   más importante  para mí en momentos de crisis, la vi a ella y no sé por qué pensé en ti, mi  profesor…