jueves, 31 de julio de 2014

Fernando Espino Rubio

     En el país se han generado sucesos políticos y sociales que deberían de incitar una reflexión sobre la democracia y la importancia de la participación ciudadana en México. Sin embargo, pareciera que los ciudadanos nos hemos acostumbrado a recibir, en vez de participar, callar en vez de expresar; a presentar un comportamiento clientelar, conformista y de empleados, en lugar de ser emprendedores.
     Considero que, en este contexto, la libertad de expresión es importante; concuerdo con la idea de que somos “seres sociales”, y por lo tanto, es ilógico que existan barreras que afecten la comunicación entre los individuos; de la misma forma concuerdo con Javier Valdez Cárdenas, periodista y fundador del periódico semanal “Río Doce” cuando menciona lo siguiente:
     En ciudades afectadas por el manto violento del narcotráfico,  la gente muere y no se da cuenta: muere de pie mientras camina, cuando ingiere alimentos, y bebe cerveza o tequila, camino a la escuela o el trabajo, al dormir o al despertar, al mirar evasivos y al evadir mirando pero sin observar, al hablar y al callar a cambio de no decir nada. Todos se quejan, denuncian, afirman, señalan, pero nadie da la cara. Las declaraciones a reporteros aún en denuncias que nada tienen que ver con el narcotráfico, se dan a cambio de que no se mencionen sus nombres. Así la ciudadanía estrena otra forma de callar. Callar es censura, silencio. Y silencio es morir (Valdez, 2011, p. 113).
     
     Concuerdo con esta cita porque también creo que callar es dejar de existir, sin embargo, me doy cuenta de lo difícil que es expresarse en algunos lugares específicos del país, por lo tanto, los medios de comunicación no pueden cumplir totalmente con su tarea que, a mi parecer, es describir hechos o sucesos los cuales tendrán que provocar que el lector genere una reflexión sobre lo acontecido.

Referencia:
     Valdez, C. (2011). Los morros del narco. México: Aguilar