lunes, 4 de agosto de 2014

Valeria Corona
    
     Se despidieron y en el adiós,
     ya estaba la bienvenida
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     Jaime Sabines
    
     Cuando todo esto comenzó, era natural el miedo al cambio, a conocer gente nueva, a una responsabilidad más grande, a aceptar el reto. Sin embargo, con el paso del tiempo, todas las piezas del rompecabezas tomaron su lugar y completaron la imagen de los 124 jóvenes que hoy nos graduamos y que fuimos acompañados en el proceso incondicionalmente por madres y padres, amigas y amigos, profesoras y profesores que influyeron para hacer de esta institución una casa, una familia.
     Así conocí a quienes compartirían conmigo, de cerca o de lejos, los próximos tres años de sus vidas. Nos tocó reír, discutir, escuchar, comprender, apoyar y crecer en un ambiente en el que no todos los jóvenes tienen la suerte de poder estar; la misma suerte de pertenecer e identificarse con un proyecto, con una comunidad que se preocupa por formar a alumnos, no para que sean los mejores del mundo, sino los mejores para el mundo.
     Entonces, fue fuera de los salones cuando crecimos más que nunca, en cada experiencia vivida, comenzando por la social, laboral y rural, pues al estar en contacto con las diferentes realidades sociales que existen en nuestro entorno, nos sensibilizamos y adoptamos una posición de frente al contexto social del país en el que nos tocó vivir, ese país que nos toca a nosotros darle vuelta, generar un cambio que, sin el impulso de la prepa, no se hubiera gestado en nosotros mismos.
     No tuve el gusto de conocerlos a todos, sin embargo, los vi reír, gritar, jugar, emocionarse, enojarse, enamorarse y es justamente así como quiero recordarlos hasta que los vuelva a ver, tal vez ancianos o adultos, con hijos o nietos, acompañados o solteros, trabajadores, viajeros, espero que cuando los vea así, los vea felices y tranquilos, disfrutando plenamente lo que decidan hacer.
     Espero también, que cuando los vuelva a ver, no se olviden de mí, nos saludemos e incluso charlemos un poco, pues tengan por seguro, que yo nunca me olvidaré de ninguno de ustedes.
     No me queda más que desearles felicidad, éxito y salud a ustedes y sus familias, así como agradecerles los largos o breves momentos que vivimos juntos, pues sin cada uno de los 124, la experiencia de la prepa misma, no hubiera sido lo que es, fue y será siempre para recordar con alegría y cariño. 
     Gracias de nuevo, y hasta pronto, compañeros.